No es a mí al que se le queman los ojos,
no, no es a mí,
no soy el que es tragado por el sonido
de un televisor en una habitación oscura,
no soy ese al que el sonido y la marcha
de la vida le atravesaron la memoria,
no soy aquel muchacho
que tirado en un colchón frío
su corazón arrastra
contra el suelo,










